ANÉCDOTAS
Parecían llover del Sauce ...
Era una tarde bastante apacible de fines
de noviembre. El poco viento que bajaba del oeste a lo largo del río, apenas
si movía las ramas del sauce mimbre que crecía dentro del agua a mi
izquierda. Mas atrás, a unos ochenta metros, podía ver la silueta del viejo
puente de madera negra, cruzando a todo lo ancho el río Chimehuín.
Estaba fresco, pero no hacía frío. El día habla sido luminoso, con calor al
mediodía y primeras horas de la tarde. las truchas se hablan movido muy poco,
sólo algunas muy pequeñas saltaban en aguas muy someras
Hacia
varios días que venia observando el río, esperando que las grandes truchas se
entusiasmaran con alguna eclosión de efemerópteras.
Cuando el sol comenzó a ocultarse, allá por el nacimiento del Quilquihue, una
trucha comenzó a subir rente mía, muy cerca de la orilla y a unos tres metros
detrás de las ramas de sauce mimbre. Toda estaba silencioso, y cada tanto veía
y oía el ruido que producía cada vez que atrapaba un pequeño insecto alado,
de color gris casi negro y que parecía desprenderse de las ramas del árbol para
caer decididamente sobre el agua.
Unos
metros más atrás de la primera trucha, comenzó a trabajar otra. No eran grandes,
entre medio kilo y ochocientos gramos, tamaño suficiente para enloquecer a un
diletante de la mosca saca, pues bien sé, la lucha que brindan en el Chimehuín
estas salvajes y gordas "irídeas". Había armado un equipo compuesto
de caña de grafito Fenwick #
5, cola de ratón flotante y reel Flueger 1494 y 1/2. el terminal
máxima 0,18, la
mosca la había atado yo, sobre un
anzuelo
Partridge #16, era un 'Dark blue dun' con alas de pato maicero y hackle Metz
Decidí tirarle a la trucha de más arriba, Como estaban de mi orilla, la distancia
que me separaba era de apenas unos cuatro metros
Había que tirar solamente el leader y unos dos metros de cola, tiro difícil
necesita mucha práctica, es más fácil tirar entre nueve y doce metros ya que
la caña trabaja justamente con el adecuado peso de la línea.
Mis
primeros lances cayeron un metro arriba de la trucha, la mosca golpeo el agua
y pasó raudamente aguas abajo. Nada. Al instante la trucha subió nuevamente.
Los insectos se veían caer en cantidades sobre el agua. Eran baétidos
imagos que comenzaban a poner sus huevecillos antes de morir.
Me detuve un poco y me pregunte por que la trucha no tomaba. Estaba por cambiar a una mosca más negra, como un blank gnat muy pequeña, pero pensé que quizás mi mosca golpeaba algo al caer, entonces lance bien alto y frené la línea de golpe en el aire. La mosca bajó despaciosamente por su leve peso y tocó el agua con increíble suavidad, un medio metro antes de la trucha, que ahora si subió y tomó decididamente, corriendo luego con todas sus fuerzas aguas abajo.
Me sentí contento, y comencé a trabajarla con delicadeza, la caña ayudaba maravillosamente y la trucha pegaba saltos tras salto. Luego de un buen rato pude arrimarla a la orilla, aguas abajo, la introduje en la redecilla de mano y sin sacarla del agua le desprendí la mosca, fuertemente adherida en el centro de la mandíbula superior, la reanime y solté.
Era
una Arco iris de unos ochocientos gramos, gorda y saludable, brindó una magnífica
batalla.
Pensé
que la pesca se terminaba, pero cuando volvía al lugar, las truchas seguían
trabajando, se había agregado una más, que sacaba su gran cabeza son mucha suavidad
y engullía también las pequeñas baétidas.
Este era eh plato que estaba esperando yo. Revisé el leader para detectar nudos
de viento, no había ninguno, pero por las dudas até nuevamente la mosca, un
nudo nuevo puede ser mejor que
uno viejo ya trabajado, sobre todo cuando el terminal es muy fino. Como ya conocía
el truco de que la mosca debía caer muy suavemente como los naturales baétidos,
realicé el lanzamiento bien alto y frené la línea. La mosca bajó como con paracaídas,
favorecida por el escaso viento, y apenas tocó el agua, una gran cabeza y cola
se elevaron y el pique se concretó.
Tensé
suavemente y con mucha excitación, elevé un poco la puntera de la caña para
que trabajara mi caña como un resorte y el agua explotó. El reel comenzó a cantar
la música más amada del pescador. La trucha, luego de un primer salto corto,
se hundió violentamente en el centro de la corriente y corrió unos treinta metros
sin parar, luego saltó lejos y en medio del río, cortando el fino terminal,
ya libre, saltó dos veces mas al estilo de los salmones, corriendo algo sobre
la cola, como para mirar que diablos
le había pasado.
Yo observaba impávido y pensaba. Qué pique!
Era una Arco Iris de unos dos kilos.
Todo este alboroto no consiguió asustar a las otras truchas menores, que seguían
comiendo detrás del mimbre y pude sacar una más pequeña, con la "Black
Gnat"que tuve que atar con muy poca luz pero muy bien ayudado por la lupa
adosada a mis anteojos palarizados.
Los
baétidos se concentran en grandes cantidades en el momento de aparearse, y luego
caen como lluvia sobre el agua, Probablemente se sumergen para depositar sus
huevos en el interior del cauce, aunque me parece que en nuestro Sur los depositan
sobre el agua, luego mueren y se concentran sus despojos en las aguas quietas
de la orilla.
Ref: Libro LA MOSCA - 1990, Autor: Benito Pérez
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Baétis Benito
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Ninfa Pérez Destroyer #16 / #18
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