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MAYO EN ALUMINÉ

 

Buenos colegas, hacía una largo rato que no proponía alguna nota. La temporada fue en términos generales “imprevisible”, los ambientes estuvieron sobre todo en Mendoza bastante variables, las grandes nevadas del 2005 nos tenían a todos con muchas dudas sobre el nivel de las aguas, la turbidez, los movimientos de las truchas, los accesos, la evolución de la fauna subacuática en general.

Es hora de balances, ya que a punto de culminar mayo ya podemos estar cada uno de nosotros listos para ensayar alguna conclusión. No únicamente nos referimos a Mendoza, sino también a los cursos de agua que corren al sur del Río Colorado. La nota se llama “Mayo en Aluminé”, y verán más adelante algunas referencias a este bello pesquero. Además, el cine nos tiene acostumbrados a las entregas en cuotas de algún talento original y cuyas sagas no siempre guardan relación con su creación primera (creo que este es el caso).

 No he querido aburrirlos con “Aluminé III”, razón por la cual esta nota solo mencionará algunas novedades y particularidades del relevamiento, cuidando de no pecar de reiterativo. Volviendo al balance que he propuesto, analizaré algunos pesqueros locales, no solo por la propia experiencia personal, sino la que me transmiten ustedes, en cada charla, reunión y ocasión útil para hablar de nuestra común pasión. Sin dudas, tenemos algunos ambientes que nos han decepcionado y otros que nos han sorprendido. Entre los ambientes destacados en esta temporada voy a mencionar a cinco (el TOP five).

                                            I.      En primer lugar el Dique Potrerillos, no por mi propia experiencia, sino por  los que me han contados numerosos Anglers, no solo de los mentirosos (vaya que los hay…) sino también de los otros. Ha regalado muy buenos ejemplares y altamente combativos, ha generado mucha expectativa en Mendoza y probablemente por un buen tiempo más siga generando sorpresas.

                                         II.      En segundo lugar, destaco la nobleza del Arroyo Grande de la Quebrada, que a pesar de su cercanía con centros urbanos y estar de algún modo “expuesto”, sigue ofreciendo truchas de muy buena salud y tamaño.

                                       III.      En tercer lugar, el arroyo Chiquero (Estancia Tambillos – Uspallata) ha permitido una pesca muy técnica y selectiva, con pequeñas secas y ninfas logrando muy buenas arco iris.

                                       IV.      En cuarto lugar, destaco al Río Atuel, ya que quien pudo pescarlo en sus escasos momentos claros, tuvo muy buena recompensa.

            Por el contrario, hay otros ambientes que en general  decepcionaron. Las causas de ello pueden ser varias, como normalmente ocurre con un fenómeno con numerosas variables a considerar, la temporada inusual de agua, la depredación, la contaminación, la modificación de eco–sistemas acuáticos, la superpoblación, la siembra de alevitos realizada con aportes irracionales y no calculados a la cuencas, etc. En el orden decreciente propuesto menciono los siguientes.

                                           I.      En primer lugar al Alto Tordillo, ya que quienes pudimos viajar comprobamos que el valle conocido con “la Matancilla” en referencia al cerro que allí corona, no tuvo las mismas bondades que otras temporadas.

                                         II.      En segundo lugar, el espectacular Río Salado, en donde los tamaños decrecieron notablemente con respecto a otros años. Para quien los ha pescado desde antaño, dicho río ofrecía truchas de hasta 2 y 3 kilos. Hoy es raro que tome algún ejemplar de un kilo.

                                       III.      En tercer lugar, mencionamos al conocido Valle Hermoso, con sus Ríos Tordillo, Cobre y Grande Superior. Los que pescamos habitualmente estas zonas advertimos también una disminución de los tamaños, y un aumento de las cantidades, claro, en perjuicio de la pesca deportiva.

                                       IV.      En cuarto lugar, menciono al Río Mendoza regulado, es decir, al tramo que corre aguas abajo el Dique de Potrerillos y hasta el Dique Cippoletti. Lamentamos que las truchas sean cada vez más chicas, los promedios se encuentran en los 20 cm., y más escasas también. Creo que la AMPM tiene mucho que decir y hacer en esto, ya que se trata de la cuenca más cercana y debemos hacer algo.

                                         V.      Por último, la Laguna del Diamante, ya que por lo que pude escuchar esta temporada, ya ni siquiera ofrece una pesca decente.

            Creo que debemos analizar cada uno de estos ambientes y tratar de realizar los estudios que corresponden para intentar revertir tendencias, ya que en casos como el Río Salado, el Río Mendoza regulado o la Laguna del Diamante, dichas tendencias se están convirtiendo en progresiones constantes, y que pueden concluir en daños irreversibles. Cuando me refiero a la definitividad de los daños no me refiero a las truchas especialmente, sino a la vida subacuática, ya que erradicada una especie efemeróptero de alguna cuenca, contribuimos con la extinción de la especie autóctona. Bueno, también hay que considerar mi propia ineptitud, la que no debo descartar para que el análisis sea completo.

Hasta aquí estos comentarios sobre nuestros ambientes. Ahora, lo prometido, “Mayo en Aluminé”, que significa en Mapungdum “olla brillante”. El grupo; Federico Hilger, Colorado Buttini y quien les escribe. La llegada estaba calculada casi con exactitud a las 17:00 horas a la Estancia La Nevada, a metros de la boca del Litrán, sobre el Lago Aluminé. El Colo decidió no pescar por frío, hacía mucho ( 3 ó 4 grados) y viento. Así que se decidió a cebarnos unos porfiados (amargos o cimarrones en costumbre mapuche). El Fede y yo nos pusimos a pescar la boca. No pasaron diez minutos y el Fede prendió una Arco iris de unos 2 kilos, muy salvaje y peleadora. La mosca, un bagre atado especialmente por el Perro Badaloni  para esta zona. Pregúntenle a él sobre los materiales y cómo la ató. En mi caso, con la misma mosca no tuve ni un pique, así que cambié a una “made in casa”, una woolly en anzuelo 12 de pata larga (Tiemco), pearl chenille y marabou naranja. Poco flash. Se prendió una perca de muy buen tamaño, kilo y medio. Luego un par de piques más y se acabó la tarde. A las 19:15 ya ves solo el chaleco que tenés puesto. Viajamos a Moquehue y allí dormimos en la Hostería Moquehue. La recuerdo mucho porque no nos permitieron hacernos un asadito que previamente habíamos comprado en Cutral-Co. Tuvimos que consumir lo que nos ofrecieron, que dicho estaba de paso, estaba bueno. Al día siguiente comenzó un rally de pesca que paso a relatar. A las 8:15 horas  y con -3º nos fuimos a la boca del Quillahue en el Moquehue. Solo percas. Dicho sea de paso, los niveles de los ríos y lagos estaba bastante por encima de lo que vimos el año pasado. La boca del Litrán por ejemplo, tenía más de cincuenta metros de largo. Luego del Quillahue, hicimos el circuito de los Pehuenes que une Moquehue con el Ñorquinco y luego el Río y Pueblo Aluminé. Unos 100 km más menos. Nos recomendaron parar en el Arroyo Remeco. Paramos. Un arroyo chico y sin truchas. Por lo menos para nosotros. Luego avanzamos hasta llegar al lugar en que el Remeco desagua en el Ñorquinco. Allí sí paramos en serio. Hay un camping cuidado por un chileno que no podría llamarse de otro modo que Don Sepúlveda. Pues no estaba ni Sepúlveda. Nos pusimos a pescar y nos fue muy bien. Allí vimos que el Remeco, unos cincuenta metros antes de desaguar tiene una cascada de unos tres metros, que ni el salmón más desesperado puede sortear. Ello explicaba al menos la ausencia de truchas del Ñorquinco en el Remeco aguas arriba de la cascada. Pero la boca estaba muy buena, y además si uno la camina hacia el sur oeste, hay dos bocas más de pequeños arroyos verdaderamente buenas. Además, repito no estaba en el lugar ni Sepúlveda, solo para nosotros. Todos pescaron bien, el Colo primereó con una arco iris de lago muy plateada y peleadora. Luego el resto del team también pescó bien. Se veía a las truchas perseguir la mosca, fue muy divertido ya que los tamaños eran buenos y el día estaba calmo y a esas horas, mediodía, ya teníamos unos 11º. Ese fue el lugar elegido para el asado que teníamos comprado desde Cutral-Co. El Colo se hizo el gaucho y con una caña de colihue verde ensartó la tira de arqueadas y unos choris y sin otro recaudo más que abrir un buen tinto mendocino nos comimos un asado a las llamas memorable. La tarde fue buena también. Paramos en el arroyo Nepeuen, que desagua más adelante en el Ñorquinco (referencia: hay un camping que se llama Ecocamping) y uno puede ingresar por allí, no había ni el gato, o unos metros más adelante saltando un alambrado que no ofrece mucha resistencia. Volvimos a pescar bien. Es una boca que desagua con un atolón de juncos así que la pesca es bastante divertida y el lago, la verdad, es un sueño. Seguimos, siguiente parada, la naciente del Río Pulmarí en el Lago Ñorquinco. La verdad es que estaba muy buena. Otros años, con menos agua no la recomiendo. El Colo nos humilló porque se sacó las dos mejores truchas de la tarde. Una marrón de Kilo y medio y otra arco iris similar. Bien pescadas, en el Río y mucha técnica. Federico y yo nos pusimos a pescar con secas, ya que se levantó una ecolosión de caddies espectacular, y además en la categoría streammer ya nos había pintado la cara el Colo. Era un espectáculo verlas tomar arriba, no nuestras moscas pero sí las reales. Fue un hermoso momento. Levantamos y seguimos aguas abajo el Pulmarí. Nos quedaba una hora de pesca, ya que eran las 18:30 horas, cuando pasamos por la puerta del camping “Los Caprichosos” de la Lonco Laura Catrileu. Había que decidir rápido. Los últimos lances en el Pulmarí o unos mates en lo de Laura. Ganó el llamado mapuche y no alcanzamos a entrar a la propiedad que ya nos estaban saludando los perros, incluido Aucán (“guerrero” en mapuche), a quien no recomiendo acariciar sin la presencia del dueño. En el puesto hay unos quince o veinte perros, varios atados por antecedentes penales, cómo será que hasta las gallinas están subidas a los árboles. Pasamos un rato muy agradable con Laura y su familia (estaba su marido y dos nietas). Recomiendo el lugar, ya que en los fondos tiene una parte del Pulmarí que es dibujado. Se acabó el día. Dormimos en el Hotel Pehuenia en el Pueblo Aluminé, un hotel muy lindo a la vera del mismo Río con buenas comodidades. En ese lugar nos juntamos con Pablito Perez, quien volvía desde Junín de levantar sus petates hasta la próxima apertura y combinamos en pescar juntos al día siguiente. Nosotros habíamos contratado un guía de Aluminé, Nicolás Filanninno, como otros años, pero dado la “prendida” de Pablo, armamos una de sus balsas, que es más grande que la que navega Nicolás y bajamos todos, Nicolás remando y los restantes cuatro pescando. Ustedes se preguntarán cuántas moscas tenemos clavadas cada uno?. Pues bien, ninguna, lo cual atribuimos lógicamente a nuestras habilidades y destrezas (no a las de Pablo…). Fue una flotada bárbara. Todos pescamos mucho y bien. Estuvimos en las 50 truchas por lo menos. Lo lindo es que cada uno pudo prender una buena marrón. Las fotos expresan nuestra alegría. Primero el Fede sacó un macho residente muy fuerte. Luego Pablo prendió un macho desde la balsa que lo tuvo que terminar de pescar desde abajo porque la pelea lo exigía, luego el Colo prendió la marrón más grande, una hembra de casi 3 kilos, que se escapó cuando tratábamos de meterla en el copo, y por último yo, un macho muy bien formado de kilo y medio aprox. La pasamos muy bien, y agradezco la buena onda de Nicolás que se prendó a todos los comentarios y jodas que íbamos haciendo. Además es un muy buen conocedor de esta zona y sabe muy bien el comportamiento de las truchas. Las moscas fueron todas streammers (anzuelos 8 a 12, chenilles brillantes, marrones, verdes y naranjas y big head), líneas de hundimiento rápido, de 130 a 150 grains ( había buena agua), terminales de 3x. Las cañas, el Pablo una *1, el Fede una *5 el Colo otra *5 y yo una *4. Fin del día. Nos despedimos de Pablo que seguía para Mendoza. Al día siguiente, decidimos recorrer otro ambiente muy renombrado. El Malalco y el Quillén. Primero fue una lindìsima excursión al Malalco, al que se llega bordeando el Río Quillèn hasta llegar casi hasta el lago homónimo. Hay una comunidad mapuche a la derecha llamada “Lefimen”, allí hay que meterse hasta un puesto (unos 8 km aprox), previo pedir permiso y dejar algunos regalos, se deja el vehículo (el camino no es bueno con lluvia) y se camina una hora aguas arriba el Arroyo Malalco (se puede caminar mucho más, hay algunos que suben a caballo hasta el alto Malalco que dicen es muy bueno). Este arroyo mucho más abajo, desagua en el Río Quillén, y en esa zona hay que parar obligatoriamente. Luego cuento. El Malalco es un arroyo espectacular. De aguas muy claras (en esta época, ya que en enero enturbia al medio día) y cauce léntico y serpenteante, hace la pesca extremadamente técnica en esta época del daño. Pusimos todos líneas de flote, líderes cónicos y terminales 6x. Las moscas, caddies en anzuelos 20 y 22. El Colo decidió que lo suyo eran las ninfas, y puso una montana. Realmente difícil, ya que las truchas nos veían tres o cuatro segundos antes de que nosotros las viéramos. Aún así vimos varias. El Colo con su ninfa tuvo el primer pique, luego yo también puse una hare’s ear y tuve otro pique, pero nada grande. Las grandes, que estaban, ni nos miraron los artificiales. Volveremos al Malalco, porque nos dejó calientes. Muy lindo arroyo. El día y la excursión de pesca decidimos terminarla en el Río Quillén, a la altura de la desembocadura del arroyo Malalco. Fue inmejorable. Todos pescamos mucho y bien, las truchas allí promediaban el kilo y con un Río de corriente rápida y pozones profundos, la pelea era espectacular. Recomiendo este pesquero, ya que nos deparó una pesca muy entretenida y constante, en todas las modalidades.  Bueno colegas, hasta aquí la tercera saga del Aluminé, espero no haberlos aburrido y hasta siempre. Carpe Diem.


MANUEL LINARES.
Mayo de 2006.-

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